Todos llevamos un niño dentro, y ese niño conoce muy bien la historia: tres hermanos, tres casas y un lobo. De chicos pensábamos que era un cuento sobre animales. De grandes, nos damos cuenta de que es la lección de negocios y vida más brutal que existe.
Durante mucho tiempo, yo fui el primer cerdito.
Lo reconozco. Quería el éxito rápido. Quería la recompensa sin el proceso. Construía mis proyectos con paja porque era fácil, era barato y se levantaba en un día. Me sentía inteligente por "ahorrar tiempo". Pero la vida —que es el verdadero lobo— siempre sopla. Y cuando soplaba (una crisis, un problema, una depresión), todo lo que había construido se desmoronaba en segundos.
Ahí entendí que los imperios que se levantan rápido, se caen rápido.
Hoy, mi mentalidad cambió. Estoy en la etapa del ladrillo. Poner ladrillos es aburrido. Cansa. Requiere quedarse hasta la madrugada trabajando en detalles que nadie ve, puliendo, corrigiendo, asegurando la base. A veces miras al lado y ves a otros levantando castillos de naipes en dos días, y te preguntas si vale la pena ir tan lento.
La respuesta es sí.
Como escuché alguna vez: "La paciencia solo impacienta a quien no tiene activa la fe". Antes, mi prisa era miedo a que no funcionara. Hoy, mi paciencia es la certeza de que estoy construyendo algo que ningún lobo puede derribar.
En Soul Atelier, no solo hacemos joyas. Creamos piezas sólidas, pesadas, reales. Trabajamos el metal con la misma filosofía con la que trabajamos nuestra vida: sin atajos, con fuego y con bases firmes.
Si estás aquí, es porque tú también dejaste de jugar a las casitas de paja. Bienvenido a la construcción de ladrillo.
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